“Al menos un 80 % del éxito en la edad adulta proviene de la Inteligencia Emocional”

Daniel Goleman  

La gran mayoría de los padres de hoy están dispuestos a asumir el riesgo que supone educar a los hijos en esta época de cambios vertiginosos, y además desean proporcionarles una educación que los ayude a madurar y a convertirse en personas extraordinarias.  

En la teoría parece sencillo, en la práctica, las dosis equilibradas de amor, apoyo, confianza y respeto, pueden tornarse más difíciles.

La Inteligencia Emocional no es un manual de instrucciones sobre cómo debemos hacer las cosas con nuestros hijos, no hay reglas, mandatos, ni obligaciones. Tampoco lo es para nuestros hijos. No los convertiremos en robots que procesan la información del mundo y actúan. La Inteligencia Emocional no es un estímulo-respuesta.  

Entonces, ¿qué es?

El lenguaje de las emociones empieza por respetar los sentimientos propios, se abre una nueva vía de comunicación entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago. Y esta amistad entre las tres, me hace responsable de mis actos. Actos que soy capaz de afrontar y con los que somos consecuentes.  

Las rabietas, la pelota siempre en tejado del otro, culpabilizar a los demás de lo que me sucede, admite la terrible idea de que no puedo hacer nada para que mi mundo cambie. No puedo hacer nada por mi mismo, porque todo depende de lo que hagan los demás.  

La IE no viene a cambiar tu mundo, viene a ayudarte a que lo entiendas y cuando lo hagas, te desenvuelvas de la manera más positiva para ti, destinando tu energía a ser feliz.  

El cambio comienza dentro de ti, pero no termina en ti. Es un proceso desde dentro hacia fuera,   la clave para potenciar las habilidades emocionales, fortalecer la confianza, ser más optimista, tener buena actitud ante los desacuerdos, practicar la honestidad, desarrollar el aprendizaje, aceptar los límites, descubrir el poder de la empatía, saber disculparse, pedir perdón y dar las gracias. Saber decir no. 

La IE tiene un efecto dominó, mejoro yo, mi autoestima, mi autoconcepto, aprendo a relacionarme mejor con los demás, pierdo los miedos, mejora mi vida académica o profesional. Mejora mi entorno. Vivo más feliz, consigo el éxito. Cadena de poleas que desemboca en un buen funcionamiento, un buen uso de recursos y la clave para ser más feliz.  

 

Mabel Palomo, Psicóloga Grupo Montaigne.